Carles Puyol, el rey león

Carles Puyol FC Barcelona

Carles Puyol i Saforcada vino a este mundo un 13 de abril de 1978 en la localidad leridana de Puebla de Segur. Con su retirada, el F.C. Barcelona y La Roja pierden a uno de sus baluartes tanto dentro como fuera del césped. El “eterno capitán” se ha visto obligado a retirarse tras un martirio de recaídas en lesiones constantes. Nuestro fútbol se queda huérfano de corazón.

Sus primeros pasos como futbolista los da en CF La Pobla, hasta que aterriza en las categorías inferiores del club de sus amores, el Fútbol Club Barcelona (1995-2014), ocupando distintas demarcaciones hasta que sube al primer equipo de la mano de Louis Van Gaal en la temporada 99/00. El técnico holandés ve enseguida su potencial y lo coloca en el lateral derecho (ocupado anteriormente por otro ilustre como Ferrer), donde hace despliegue de todo su poderío físico que, junto a su anticipación en el corte y su rapidez en el repliegue defensivo, hacen que pase a ocupar el centro de la defensa del equipo blaugrana.

No es hasta la temporada 2004/2005 cuando levanta su primer título de muchos. Se acaba con una sequía de cinco largas temporadas en el campeonato doméstico y se abre la época más dorada del club, con él en sus filas. A partir de ahí, la carrera de este grandísimo jugador, solo asciende hasta convertirse en uno de los pocos jugadores que son recordados por aficiones propias y rivales con cariño y devoción. Un carácter invencible y un carisma al alcance de pocos, sustituyen y hacen olvidar sus carencias técnicas, situando a Carles en lo más alto de la élite mundial durante muchos años. Se marcha uno de los trocitos más importantes del alma del club. Su presencia en los despachos se notará en el campo.

Su palmarés es envidiable. A nivel de clubes ha ganado ni más ni menos que 21 títulos, sumando el mérito de haber capitaneado al primer equipo en lograr los seis títulos en juego durante la temporada regular: Liga EspañolaCopa del ReySupercopa de EspañaLiga de Campeones de la UEFASupercopa de Europa y Copa Mundial de Clubes de la FIFA. Con la selección española, escribió algunas de las páginas más gloriosas de nuestro fútbol, ganando la Eurocopa 2008 y el Mundial 2010, sin olvidar la medalla de plata en Sydney 2000, completando 100 internacionalidades. A nivel individual, este jugador de equipo ha sido habitual en las selecciones de los onces ideales de las distintas competiciones, siendo el galardón a mejor defensor según la UEFA en el 2005 su máximo logro. Ya conocemos la absurda reticencia a conceder el Balón de Oro a los defensores y/o porteros.

Jugadores así siempre se echan de menos. ¡Gràcies y sort, campió!

Momento cumbre

Muchas han sido las exhibiciones que Puyol ha dado sobre el piso y muchas han sido las pesadillas que ha generado a los delanteros rivales, pero, seguramente, su momento cumbre llegó con aquel salto de ilusión y fe ante Alemania, en la tarde del 7 de julio de 2010. El testarazo de la pasión por lograr un objetivo. Nunca lo olvidaremos. La antesala a lo que días más tarde lograría con La Roja.

Momento injusto

Su exitosa e irrepetible carrera no siempre fue un camino de rosas. Golpes muy duros a nivel personal, como la muerte de su padre, a los que supo reponerse con su inigualable talante y carácter, fueron forjando la leyenda de la persona que es hoy. Este mismo deporte injusto ha querido que, tal vez por su forma de jugar, haya sufrido una auténtica plaga de lesiones durante su carrera que nos ha privado de seguir disfrutando de este campeón.

Ryan Giggs, el Manchester United de las últimas dos décadas

Ryan Giggs

Hablar del Manchester United es hablar de George Best, de Sir Bobby Charlton, de Bryan Robson, de Sir Alex Ferguson, de Mark Hughes, de Paul Scholes, de Gary Neville, siendo el último y más reciente nombre que se anota en la lista el de Ryan Giggs.

El galés ejemplifica de una manera clara y contundente eso que para muchos se ha perdido en estos días, que es el amor a los colores, a una única casaca, a un único escudo. El principio, nudo y fin de su carrera fue el Manchester United, incluso dándose el lujo de quedar en la historia por ser técnico y jugador al mismo tiempo, en un momento en que los Red Devils habían prescindido de David Moyes. Quién mejor que el nacido en Cardiff para entender lo caliente del banquillo y lo que podía significar anímicamente para el grupo su presencia al mando de la dirección técnica del United.

Tan grande es el mito de Giggs, que incluso ha trascendido los límites del club, para ser considerado uno de los jugadores más importantes que tuvo y tendrá, seguramente, la English Premier League. Sus números y estadísticas rompen con todo lo conocido.

 No por nada estuvo 23 años en el mismo club, casi siempre como lugarteniente del técnico Ferguson, quien lo cuidó como si fuera su hijo e incluso no permitió que el galés diera entrevistas sino hasta los 20 años, cuando el volante había debutado hacía ya dos años atrás.

Volante que jugaba por la izquierda con gran velocidad, y que trepaba al ataque con absoluta naturalidad al mismo tiempo que podía desbordar con suma excelencia (al punto que se lo comparó con el enorme George Best); con el tiempo se volcó al sector interno del campo de juego ubicándose en la mitad de la cancha, sin perder con esto la categoría de un jugador de su talla y mejorando incluso su visión del juego. Ryan Giggs también es sinónimo de Fair Play: nunca fue expulsado, hecho que acrecienta más aún la historia de este jugador.

Si repasamos los compañeros con los que compartió vestuario, en su primer época como Diablo Rojo estuvo al lado de Eric Cantoná, David Beckham, Peter Schmeichel, los hermanos Gary y Paul Neville. Llegando más al presente, tuvo compañeros como  Edwin Van der Sar, Cristiano Ronaldo, Wayne Rooney o Rio Ferdinand.

Jugó 23 años con la misma camiseta, más de 900 partidos y más de 100 goles con la número 11 en la espalda. En un solo jugador se concentran más títulos que muchos equipos de la liga inglesa (36 trofeos levantados a nivel nacional e internacional), participó de los JJOO de Londres 2012 defendiendo los colores de Gran Bretaña.

Pero la vida deportiva le quedó debiendo algo: la posibilidad de jugar un mundial. Sí, sí, leyó bien: Giggs forma parte de una larga lista de jugadores que no pudieron disputar la máxima cita futbolística mundial. E, insisto, el deporte le quedó debiendo al gran galés que hizo todo por el mundo del fútbol.

Momento cumbre

Sin dudas la obtención de la triple corona en el año 1999, al ganar la Champions League frente a Bayern Munich en Barcelona, la Premier League y la Copa de la Liga, fue el momento que lo elevó a la categoría de gran volante del fútbol mundial, ya que además le otorgaba al United un lugar de renombre en el panorama del fútbol mundial.

Momento injusto

Todo futbolista cuando debuta en un primer equipo tiene ese sueño unívoco: disputar un Mundial. Giggs estaba en la mejor oncena del mundo, era el jugador más respetado, referencia ineludible en el mediocampo, pero nunca pudo plasmar esto en su selección. No coincidió con una generación de jugadores que pudieran acompañar ese deseo de ser mundialista.

Rivaldo, la zurda salvaje de la favela

Rivaldo

Una de las retiradas ilustres de este año ha sido la del carioca Vítor Borba Ferreira Gomes (mundialmente conocido como Rivaldo), a la edad de 41 años y tras media vida en el fútbol. Este brasileño de talento exhuberante, -Balón de Oro en 1999- desempeñó su dilatada carrera en gran cantidad de equipos. Su paso por España le enfundó el título de futbolista imperdible y le lanzó a la cabeza de la hegemonía futbolística mundial, pasando sus mejores años como profesional del balompié.

De físico delgado e inconfundible silueta, toda esa aparente fragilidad estaba gobernada por una técnica exquisita, que concentraba en su pierna izquierda toda la majestuosidad de su fútbol.

Sus versátiles características como jugador le permitían dominar varias facetas del juego y moverse con soltura por toda la zona de ataque. Era capaz de dejar atrás a contrarios con regates en seco gracias a su enorme calidad, aunque su físico fibroso y espigado también le permitía regatear en carrera.

Todo esto se fraguaba en la zona siniestra de su cuerpo, en la que tenía un cañón que era capaz de armar a pie parado para sacar latigazos desde cualquier posición, siendo además un consumado especialista en los golpes francos. Su estatura (1,86 m) le permitió destacar también como excelente cabeceador. Éstas cualidades hicieron de Rivaldo un goleador excepcional pese a no ser delantero nato.

Pero hacer goles no era su única virtud. Era un jugador que se desenvolvía de forma inabarcable en la mediapunta, sacando a relucir su depurada visión de juego, siendo habitual verle asistiendo a sus compañeros o participando en jugadas combinativas. Su apertura de piernas en la final del mundial de 2002, —dejando pasar el balón para que Ronaldo lo mandara a la red—, define esa facilidad para leer el juego.

Sus recursos técnicos lo convertían en un jugador, si cabe, más memorable: taconazos, rabonas, chilenas… Todos quedarán guardados para siempre en la memoria colectiva del aficionado al fútbol. Sin duda, Rivo era uno de esos futbolistas que se saben tocados por un don.

Con estas cualidades es indudable que dejó huella en los equipos por los que pasó. Después de unas temporadas en Palmeiras y tras un año superlativo en la Coruña, asumió el reto de jugar en un Barcelona en el que pudo estar mejor acompañado, y donde llegó a tener que sacarse de la manga una chilena en el último minuto de una liga para acabar cuartos. Sólo dos ligas y una copa le hicieron mudarse a Italia después de ser campeón del mundo.

Sin continuidad en el juego, y después de una vuelta fugaz a Brasil en Cruzeiro, volvió a Europa, a la liga griega, dónde permaneció 4 años entre Olympiacos y AEK. Los años le hicieron buscar nuevos retos propios para su edad, hallándolos en Uzbekistán y Angola —con otra vuelta a Brasil entre medias— justo antes de acabar su carrera en São Caetano y Mogi Mirim, su equipo de toda la vida, donde pudo cerrar el maravilloso círculo compartiendo cancha con su primogénito Rivaldinho.

Al pensar en Rivaldo es fácil caer en la nostalgia con el recuerdo de aquél fútbol elegante, de aquella zurda explosiva, de la calidad que fluía por sus piernas como en un diluvio de fútbol.

Momento cumbre

La victoria de Brasil en la Copa Mundial de Corea y Japón en 2002, no sólo significó su cumbre como futbolista, sino que, además, supuso la última gran exhibición de Rivaldo en el fútbol de primer nivel. Sus actuaciones a lo largo de todo el campeonato, así como en la final frente a Alemania (2-0) fueron totalmente decisivas.

Momento injusto

En Milán consiguió el trofeo que en el Barça le había sido negado año tras año. Fue la Champions de 2003 (ganada en penaltis tras 0-0 ante la Juventus), competición en la que comenzó como titular, pero acabó perdiendo peso, pasando a ser suplente en cuartos y semifinales para, injustamente y a pesar de las prórrogas, no disputar ni un sólo minuto de la final.

Javier Zanetti, “Il Capitano” del Inter

Javier Zanetti Inter

El fútbol, como la vida misma, sigue a pesar de todo. No importa lo importante que hayas sido, el tiempo continúa con paso firme, sin detenerse. Pero eso no significa que echemos la vista atrás con añoranza, recordando lo que estaba ahí y nunca pensábamos que se iría.

Eso es lo que ocurrirá con Javier Zanetti. La temporada 2014/2015 será la primera en casi dos décadas en las que el argentino no esté recorriendo los campos de fútbol sin cansancio, dando igual que tenga 25 años que 38. “Il Capitano” deja el fútbol logrando levantar todos los trofeos en Italia, la Champions en el maravilloso 2010 del triplete, y multitud de récords gracias a su eterna juventud.

Jugador argentino con más partidos en la Serie A (614), jugador del Inter que más veces ha vestido la nerazzurri (849), jugador que más veces ha jugado con la Selección absoluta de Argentina (145) y quinto jugador histórico en disputar más partidos profesionales (1107).

Ignorado en las categorías inferiores del Club Atlético Independiente, “el Pupi” ingresó en el Club Atlético Talleres de Córdoba (Argentina) y, tras ascender desde abajo, logró debutar en el primer equipo. Aunque para su debut en la máxima categoría del fútbol argentino tuvo que fichar por el Club Atlético Banfield. Dos temporadas en “el Taladro” le valieron para que el Inter pusiera sus ojos en él y lograra su contratación. Empezaría así la historia de amor con el club italiano. Antes, ya había logrado debutar con la Selección Argentina, conquistando el oro en los Juegos Panamericanos de 1995.

En este mismo año jugó su primer partido con el Inter. No le costó hacerse un hueco en el equipo titular, debutando también en competiciones europeas. Un año después de su llegada, quedó tercero en la Serie A y finalista de la Copa de la UEFA, perdiendo en la final contra el Schalke 04. Tras cuatro temporadas en el club, se enfundó por primera vez el brazalete de capitán de la gloriosa entidad italiana. Una capitanía que le pertenecerá  para siempre, tras 19 temporadas defendiendo los colores del club.

Con la albiceleste disputó dos Mundiales, el de Francia 1998 y el de Corea y Japón 2002. José Pékerman lo dejó fuera del de Alemania 2006, lo que fue motivo de polémicas en el país. Se quedó a las puertas de levantar la Copa América en 2004 y 2007, perdiendo en ambas la final contra Brasil.

“El tractor” abandona los campos de juego siendo un jugador muy querido por todos, ganándose el respeto en la cancha. Con carácter defensivo, sólo ha sido expulsado una vez en su carrera en más de 800 partidos, lo que demuestra su juego limpio.

Tras colgar las botas, fue nombrado vicepresidente del club de toda su vida. Costará entender al Inter de Milán sin el 4 de Zanetti, número que se ha retirado en su honor.

Momento cumbre

El año 2010 será inolvidable para “el Pupi”. Con José Mourinho en el banquillo, levantó el triplete logrando la Copa de Italia, el campeonato de liga de la Serie A, y la UEFA Champions League, un trofeo que el Inter no conseguía desde hacía 40 años y para el que no partía como favorito en las quinielas. Además, para rematar un año fantástico, consiguió la Supercopa italiana y el Mundial de Clubes.

Momento injusto

Su lesión en abril del 2013: rotura del tendón de Aquiles. 7 meses de baja que parecían acabar con su trayectoria en los terrenos de juego. Sin embargo, “Il Capitano” demostró de que estaba hecho volviendo al campo. Pero no merecía una lesión de esa gravedad en el tramo final de su dilatada carrera, que le impidió jugar sus últimos partidos al máximo nivel.

Juninho Pernambucano, el tiro libre hecho un arte

Juninho Pernambucano Vasco da Gama

Hay en la vida un puñado de afirmaciones, verdades que se entienden por todos como universales, que no admiten ningún tipo de duda a la hora de considerarlas como tales. Hablamos de hechos empíricamente constatados, como que la Tierra es redonda, el agua hierve a 100 grados centígrados o que Juninho Pernambucano ha sido el mejor lanzador de tiros libres de la historia del fútbol. Su golpeo único e inimitable se convertía en imparable gracias a la velocidad y a la impredecible parábola que dibujaba el esférico cuando salía despedido de su bota derecha.

Pero no solo por su maestría a la hora de cobrar juego a balón parado pasará a los anales de la historia de este deporte el brasileño. Durante su dilatada carrera ha dejado una huella imborrable allá por donde ha pasado, desplegando su habilidad para el pase y el disparo apostado en la línea de tres cuartos, allí donde  sonríen los más grandes.

Los primeros en disfrutar de su juego fueron los hinchas del Sport Recife de su ciudad natal, donde ingresó como juvenil en 1991 para debutar profesionalmente en 1993. Pronto se convirtió en una de las mayores promesas de Brasil, y su gran desempeño con la elástica del Rojo y Negro, le sirvió para fichar en 1994 por Vasco da Gama.

En Río de Janeiro, iba a formar parte de un equipo de ensueño junto a Edmundo y Luizão, siendo una pieza clave en la consecución de la Copa Libertadores de 1998 y la Mercosur de 2000. Se convirtió en uno de los futbolistas más importantes de la nación, cumpliendo en 1999 el sueño de debutar con la Seleçao, además de ser considerado un ídolo para la torcida del estadio São Januario. Sin embargo en 2001, a la edad de veintiséis y en un momento de su carrera fantástico, Juninho comprendió que Brasil se le quedaba pequeño y decidió cruzar el charco para enrolarse en las filas del Olympique de Lyon.

Y fue en Francia donde su estatus pasó de ídolo a la categoría de leyenda. El impacto de su fichaje supuso un cambio radical en la historia del conjunto galo. Hasta su llegada el club contaba con un discreto palmarés que, en su despedida en 2009, había aumentado a siete Ligue 1 (todas de manera consecutiva), seis Supercopas y una Copa de Francia que adornarían la sala de trofeos de Gerland.

Además, con Les Lions se convirtió en el cuarto máximo goleador histórico al lograr 100 tantos en 344 partidos y durante su estadía en Lyon logró formar parte de la selección brasileña que levantaría la Copa Confederaciones  2005. Los aficionados del Olympique jamás olvidarán aquel equipo de leyenda comandado por un francotirador brasileño que creó una dinastía en Francia y les hizo vibrar en las mágicas noches europeas de la Champions.

En sus últimos años, ya lejos de los focos mediáticos, Juninho ha pasado por Catar, EEUU y regreso a Vasco de Gama para retirarse en casa con todos los honores.

Se marcha un jugador mítico. Gracias por hacernos disfrutar con ese magistral golpeo que atemorizaba a las zagas rivales y doblaba muñecas de indefensos porteros. Adiós al mejor lanzador de faltas que jamás pudimos ver. Si alguien tiene alguna duda, que le pregunten a Pirlo de quién aprendió.

Momento Cumbre

La 2005/06 fue una temporada de ensueño para Juninho. Tras ganar la Confederaciones en verano, el brasileño comandó los Leones a una temporada prácticamente perfecta. Arrasaron en liga sacando 15 puntos al Girondins y 22 y 24 a Lille y Lens respectivamente. A nivel personal, Juninho fue galardonado con el trofeo al mejor jugador del año por la UNFP después de haber anotado 9 goles en Ligue 1 y ser el auténtico líder de un equipo de leyenda.

Momento Injusto

2005. Olympique de Lyon, de la mano de su astro brasileño, impresionaba en el viejo continente. Tras superar a Manchester United en la fase de grupos y vapulear al Werder Bremen en octavos, el PSV era el siguiente escollo antes de semifinales. Tras 180 minutos de igualdad y una prórroga, la eliminatoria se fue a la lotería de los penaltis. Juninho convirtió su disparo pero los fallos de Essien y Abidal rompieron para siempre el sueño de reinar en Europa.

Park Ji-Sung, el adiós de un pionero

Park Ji-Sung Manchester United

Hace no demasiado tiempo, hablar a un aficionado europeo sobre el fútbol asiático, decirle que un jugador de Corea del Sur iba a ser uno de los ídolos en Old Trafford o que iba a ser nominado al Balón de Oro, sonaba realmente extraño

Pero para que a día de hoy sea algo normal ver a jugadores asiáticos en clubes europeos, con un nivel de participación importante, alguien tuvo que abrir los ojos de sus directores deportivos. Para que advirtieran que, efectivamente, aquellos jugadores de los que sólo se hablaba cada cuatro años en el Mundial eran válidos para el fútbol de primer nivel europeo.

Y como todo, como prácticamente todo en el fútbol de Corea del Sur y Japón, el Mundial 2002 fue lo que marcó el punto de inflexión. Guus Hiddink fue el seleccionador de un conjunto que había aparecido en cinco Mundiales y no había ganado un solo encuentro. La historia de aquel Mundial la conocemos todos, la historia de Park Ji-sung empezaba a escribirse.

Al acabar el Mundial 2002 Hiddink se hizo cargo del PSV Eindhoven y decidió apostar por dos jugadores a los que había entrenado en su paso por la selección coreana: Lee Young-pyo y Park Ji-sung. Lee se adaptó rápido y comenzó jugando con asiduidad. Park, debido a sus lesiones, tardó más en entrar en el equipo y apenas jugó en esa primera temporada, pero los cimientos ya estaban preparados.

Tras tres temporadas en Eindhoven llegó la oferta de Sir Alex Ferguson. Cuatro millones de libras y Park se convertía en un red devil más en un paso de vital importancia para su carrera, que suponía la confirmación de todo lo que supo ver Guus Hiddink. Era el reconocimiento al trabajo y esfuerzo de un jugador especial.

En Old Trafford pasaría siete campañas. Una primera en la que se convirtió, desde su llegada, en pieza importante para el entrenador escocés y seis restantes marcadas por los problemas de lesiones que no le permitieron jugar todo lo que en él habría sido habitual.

A pesar de sus lesiones, a lo largo de las siete temporadas como jugador del Manchester United, Park sumó más de doscientos partidos e innumerables hitos en su carrera. Es el primer capitán surcoreano de la historia del Manchester United, primer asiático en jugar cuatro semifinales de UEFA Champions League –una de ellas con PSV–, primer asiático en jugar una final de UEFA Champions League y primer surcoreano en ganar la Premier League.

Tras todo esto vendría su traspaso al Queens Park Rangers y su cesión al PSV Eindhoven en la temporada 2013/14. Dicha cesión ha sido el colofón final y la vuelta al lugar donde todo comenzó en Europa. El pasado mes de mayo se ponía el punto final a la carrera del jugador más laureado del fútbol surcoreano y, quizá, el mejor que ha dado en los últimos tiempos. Jugador marcado por sus problemas de lesiones, pero generoso en el esfuerzo y determinante cuando ha estado en plenitud de condiciones.

Cien partidos como internacional con el combinado nacional con un total de trece goles y participación en tres mundiales, en los tres mejores mundiales en cuanto a resultados de la selección asiática.

Momento cumbre

Muchos han sido los momentos estelares de Park. En EFEI nos vamos a quedar con el 12 de junio de 2010 en el transcurso del Mundial de Sudáfrica. Park ya había jugado el Mundial de 2002 dónde marcó un gol a Portugal, el de 2006 con otro gol a Francia y en Sudáfrica 2010, en su tercer Mundial, se convertía en el primer jugador asiático en marcar en tres mundiales de manera consecutiva. Además, su gol contribuía a vencer por 2-0 a Grecia en una victoria clave para que el combinado surcoreano accediera a octavos de final.

Momento injusto

Sin duda, la final de la UEFA Champions League de la temporada 2007-08. Tras eliminar al F.C. Barcelona en semifinales, con Park jugando los dos encuentros completos, Sir Alex lo dejaba fuera de la convocatoria para la final en la que vencerían al Chelsea. Tres finales jugó el Manchester United con Park en plantilla, ganó la que Park Ji-sung vio desde la grada.