“DB10″

La segunda semana de abril suele estar dedicada a Hillsborough; periodistas y futboleros de todo el mundo sacan de su corazón una cara que se solidariza con las familias afectadas por la parte más oscura de una historia que nunca debió existir. Cualquier aficionado al fútbol o a la vida desearía no tener que realizar tal homenaje, pero desgraciadamente la tragedia humana también forma parte del deporte que más amamos.

Sin olvidarnos de las 96 víctimas y de tantos otros episodios que también se encontraron con la parte fea del fútbol (al final Hillsborough no deja de ser la careta de todas ellas), no sobra mencionar que en la semana de la tristeza también hay hueco para recordar un día muy especial para un elegido en el arte del balón.

Decía Eduardo Galeano que se consideraba un “mendigo del buen fútbol”, una especie de scout aficionado que buscaba el toque en las botas de cualquier liga del mundo. No me cuesta imaginármelo pegado a la pantalla de un televisor aquel 15 de abril de 2006, día en el que el viejo Highbury, que por entonces ya tenía los días contados (era su último año como sede gunner), perdió por primera vez en su historia el tono rojizo de su graderío para mezclarse con el naranja. El motivo de aquella mutabilidad no era otro que la conclusión de un “perfecto matrimonio”, como definiría el ‘páter’ Wenger años más adelante. Arsenal y West Brom se enfrentaban en una jornada sentimentalmente muy especial; hoy se cumplen nueve años desde que Dennis Bergkamp dijera oficialmente adiós a su público, que se disfrazó con una zamarra de los Países Bajos con el “10” dibujado en la espalda para conmemorar a uno de los grandes causantes de que el Arsenal haya vivido su época más lúcida en el fútbol moderno. Como no podía ser de otra manera, en aquella victoria (3-1) hubo hueco para la rosca que caracterizaba a sus golpeos y que tantas veces ayudó a que el balón besara la red. Inmejorable punto y final para una jornada que llevaba su nombre.

“Detrás de cada golpeo hay una idea” (palabras de Bergkamp en su autobiografía “Moja historia”)

Quedan pocas cosas que no se hayan dicho en una crónica acerca de Bergkamp. Su inacabable repertorio zidanesco y la elasticidad con la que mimaba el balón recordaban a cualquiera de esas canciones del siglo pasado que seguirán sonando a perfección por mucho que pasen los años. Van Persie, Özil, Wilshere, Ramsey… todos y cada uno de los jugadores que están dotados de cierta técnica majestuosa han sido injustamente comparados con la figura de un talento irrepetible. Para que Ian Wright y, sobre todo, Thierry Henry, que ha compartido vestuario —entre otros— con el actual mejor jugador del mundo, hayan repetido tantas veces que Dennis es sin duda “el mejor” con el que han jugado, resulta evidente que no debe haber temor a la hora de colocar al bueno de Bergkamp entre los mejores.

Henry, el día de la despedida de Bergkamp: “Jugar junto a él es un sueño para cualquier delantero

Siendo el tercer mejor asistente de la historia de la Premier League (solo Giggs y Lampard le superan, aunque Gerrard está a 2 de alcanzar su cifra) dejó una herencia que poco tiene que ver con los números. Ser un modelo en todos los niveles origina que las generaciones de ayer y hoy le regalen su admiración. La publicidad que tiene la Premier actual, junto a las cifras mareantes que reinan en el mercado, seguramente hubieran colocado a Dennis en otra dimensión. Como decía Marcelino (técnico del Villarreal) hace no mucho, siendo el físico más importante que nunca, hoy en día “el talento es lo que se paga caro“. Sin embargo, la mayoría nos conformamos —y de alguna manera nos encanta— que Dennis haya formado parte de una época menos mediatizada, ya que el recuerdo siempre es más bello cuando hay menos pruebas que contradicen la realidad.

Ahora, ejerciendo de asistente en el Ajax de su amigo ‘Frank’ de Boer, la llamada desde Inglaterra parece estar más cerca que lejos. Desde luego nadie pondría mala cara a la posibilidad de poder volver a ver un primer plano de Bergkamp con el ruido del fútbol inglés de fondo. Emociona imaginarlo. Prueba de que es consciente de la importancia de subir pequeños escalones antes de aventurarse a dirigir un área técnica, es que hoy su labor no pasa del aprendizaje y de instruir a jóvenes (delanteros) que luchan por imitar sus pasos, entendiendo la imitación como “la forma más sincera del elogio“, que diría Stephen King. Nos podemos hacer una idea de cómo jugarían sus equipos viendo con quién se juntó y con quién se ha aliado. Por ahora nos consolaremos con el Bergkamp Day mientras él elige el día D, fecha en la que será el líder de un vestuario, pero esta vez desde el banquillo. Desde luego, si hay alguien que ha nacido para manejar los tiempos, es él.

Foto de portada: rpp.com.pe
Foto destacada: arsenal.com

Xabi Esnaola

Ganar es mejor que empatar, y empatar es mejor que perder.

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