Aduriz como el vino de barrica

Aritz Aduriz ruge más fuerte que nunca; entre aquella vorágine de fútbol a base de talón y plantillas estratosféricas, la gresca de un delantero dinámico, voraz y despiadado en un equipo como la filosofía del Athletic es recibida como agua de mayo.

Los años parecen que puedan lastrar las piernas del futbolista, mutar su rol sobre el campo hacia un estilo más estático, donde la canallesca y la pillería tomen la iniciativa antes que los dotes futbolísticos caracterizados durante su juventud. A sus 34 años Aritz continúa ejerciendo el mismo perfil, la misma radiografía de un killer que no pregunta el nombre de su rival antes de disparar, el que continúa llenando la boca de los bilbaínos del monosílabo que más les gusta: gol.

A día de hoy Aduriz es muchísimo más que el delantero titular del Athletic de Bilbao: es la máxima referencia. Sin él sobre el verde, el equipo titubea, duda y se muestra más frágil que de costumbre. Con el 9 el “no” es simplemente una posibilidad que data al 50% de veracidad; no hay imposibles, como el de tumbar al Real Madrid en casa, o sentenciar un partido desde la primera mitad, como ocurrió en Vigo más recientemente, pese a que luego se pasaran apros —sin él sobre el césped—.

Una segunda juventud, una segunda oportunidad brindada por el fútbol para disfrutar de un delantero capital para su equipo; como el buen vino fermentado en barricas de roble, consigue hacerse un hueco en la historia del club, alcanza al mito Rafael Moreno ‘Pichichi’ con 78 dianas, y suma la mejor temporada de su carrera respecto a dianas anotadas: 19 en lo que llevamos de campeonato liguero. Números, si no fuese por su edad para pensar en convocatorias internacionales, aunque está más que comprobado que el documento nacional de identidad no es un problema para que el ariete siga rozando el sobresaliente en San Mamés.

Aduriz es de aquellos tipos que muestran un liderazgo natural, sin aspavientos excesivos ni arengas místicas; de aquellos que portan el brazalete las 24 horas del día, los que llevan debajo la camiseta del equipo incluso para comprar al supermercado, con una cotidianidad pasmosa. Ha entendido que el cetro de rey de aquella manada debe recaer en sus goles y en su sacrificio, que su edad es más una virtud que un handicap, y que emular los goles del mítico Fidel Uriarte es una merienda bastante apetecible cuando el ocaso del domingo brilla sobre el nuevo estadio.

Foto de portada: sportal.com.au
Foto destacada: quecrack.com

Yasser Tirado

Escritor que pretende hacer del fútbol una literatura de mesilla de noche, un enfoque distinto entre la densa niebla. Podéis ver mis proyectos en www.memoriasdeunbar.com

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