
En el fútbol, el virtuosismo es caprichoso. Los hay que apabullan con su superioridad a sus rivales, hay virtuosos efímeros, que terminan desapareciendo tras una época de lesiones o malas actitudes, y los hay intermitentes. Dicho de una manera un tanto más prosaica, se puede ser un Messi, se puede ser un Quaresma, o se puede ser un Pequeño Mozart, un Tomás Rosický.































