
No hay ninguna duda de que la selección alemana parte siempre en el grupo de favoritos en cualquier competición que afronte. Desde que en 1954 se proclamara campeona del mundo contra pronóstico ante una extraordinaria selección húngara los alemanes no han hecho más que coleccionar finales y títulos tanto en europeos como en mundiales. Resulta en cambio curioso que el tradicional estilo rudo y combativo de la Maanschaft haya dejado paso en la última década a un fútbol en el que se combina la calidad técnica con la eficacia y, por qué no reconocerlo, la espectacularidad.


























